jueves, 6 de septiembre de 2012

Cuando nos volvamos a encontrar


Fue una tarde confusa, tenía la cabeza en cualquier otro lado, Diego fue el primero y tal vez el único que me llamó.

Cuatro horas más tarde y en medio de una presa insospechada (tiempo después me daría cuenta que todo estaba relacionado) no solo había dado rodeado todo San José, sino que había atravesado desde Heredia hasta Escazú, fumábamos todos dentro carro, yo conducía mientras ellas lloraban.

De algo no me cabe duda, la tragedia nos había tocado a todos (nunca igual) pero a todos nos afecto.

Hubieron pocos encuentros luego de eso, en los siguientes seis meses fui una especia de outsider del círculo del que no formaba parte, pero tampoco dejaba de estar ahí.

Una vez, pocos días de antes de encerrarme a escribir y nueve meses despúes del accidente, confirmé mi conclusión, cuando yo estaba finalmente de vuelta en San José, luego de algunos recorridos que habían empezado en suramérica, cuando visité bares, restaurantes, moteles y hasta playas, no se como acabé hablando de esto justamente, pero la verdad estaba ahí tan contundente como la tarde que recibí la llamada.

Cuando transcurrió el primer año pensé seriamente pasar a visitarla, pero en tres meses la distancia puede ser enorme, aún cuando se esté justo al lado. La intenté llamar pero el mi teléfono sonó primero, era el editor, me dijo que que el último volumen le parecía malo, me pidió que le presentara otra cosa si quería publicar algo antes de final de año.

Pensé en hacer algo parecido a un cuento, todo relacionado con el último año pero solo había a lo largo del año una imagen recurrente: no podía dejar de pensar en las dos mujeres que iban llorando-fumando en el auto.

No, no lo iba a escribir, se había tocado una fibra sensible, esas que lo cambian a uno. Desde entonces las había vuelto a ver poco, a ella menos aún, aunque nunca dejamos de hablar del todo, intenté llamarla y no contestó, tal vez mañana sea un mejor día para hacerlo, yo aún no vuelvo al círculo, aún me considero un outsider, siempre he sido más frío que sencillo.

La última vez que hablé con Diego fue hace tres días, aún tengo esa sensación de vacío, como cuando me dio la noticia, y al día de hoy la mujeres siguen llorando una al lado mío, la otra en el asiento de atrás, Diego aún conserva el tono de voz sombrío.

He creído que las cosas van a cambiar, las he visto cambiar pero con la misma impotencia las he visto devolverse al lugar original, el lugar que determinó el azar, hace un año, esperando el próximo evento que nos transforme a todos, que es cuando – probablemente - nos volvamos a encontrar.

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