viernes, 8 de agosto de 2008

Pequeñas manos para un fusil.


“Nagobi, miró con dolor y desprecio, -conoció el dolor y el desprecio antes que el amor- mientras a su padre le cortaban las manos, -El futuro no esta en las manos de un pescador- dijo un hombre que portaba una metralleta al hombro –Si no en manos del F.R.U.- mientras de un tajo con el filoso machete, le cortaban las manos a un hombre, quien creía era su padre.

Nagobi no recordó más hasta el día que recibió el fusil.

Era pequeño y débil, esta aterrado por no entender que había pasado con las personas que lejanamente recordaba como familia. Tratando de volver en sí, de recuperar el tiempo que se había perdido entre la manos de su padre, y las manos que le ofrecía el poderosos fusil. Lo recibió con naturalidad, le parecía familiar, algo en él, como el instinto le indicaba como la culata en el hombro, su brazos delgados y negros apuntaban hacía un árbol, que parecía ser el único en pie, en toda la sabana, afuera del campamento.

La palma de la mano en el mango y el dedo, que hacía esfuerzos por llegar a gatillo, sus manos eran pequeñas, para el fusil, hizo el esfuerzo una vez más de tocar con la punta del dedo índice el gatillo, su dedo se rindió. Sintió el azote de una vara de madera en la espalda, las manos que le habían brindado el arma, se la arrebató esta vez con furia. El hombre del fusil llamó a otro niño que salió del campamento, Nagobi se asombró, era otro niño parecido a él, un poco más grande quizá, recibió el arma con beneplácito, mirando a Nagobi apuntó, escuchó la orden del hombre que daba los fusiles, en ese momento recordó que era el mismo que había cortado las manos de a su padre en la aldea. Miró al otro niño, ¿Hermano?-pensó-. Vio como los dedos del niño de enfrente si llagaban al gatillo.

Nagobi entendió todo, solo tenía siete años, pero comprendió lo que iba a suceder, unos instantes después conoció la muerte. Pensó que hubiese sido mejor conocer la muerte, antes que el dolor y el depreció. La muerte no llega cuando uno quiere, llega cuando el F.R.U. la llama se dijo. Un segundo atrás el comandante había llamado a la muerte, seguro que ya vendría de camino, es una suerte pensó Nagobi. –Pequeñas manos para un fusil-.”

Sobre esto no me queda mucho que decir: Las balas, las bombas, derrumban el concreto, destrozan los edificios. Pero lo que en realidad hace a la guerra terrible, es que destruye lo humano desde adentro, el fuego solo se lleva un cuerpo, la guerra se lleva la dignidad, la infancia, la belleza... la vida.