viernes, 14 de septiembre de 2012

Apreciaciones de Talamanca





1. Cuando me refiero a Talamanca me refiero a esa Talamanca, la de allá: Selva, Indios, Pobreza.

2. Podría ser políticamente correcto y referirme a Talamanca en otros términos: bosque tropical húmedo, aborígenes o etnias autóctonas costarricenses, escasos recursos. Esto sin aportar nada más que distancia al texto. No es un modo de discriminación. La corrección política no soluciona el problema, a veces más bien solo lo rodea.

3. En Talamanca -esa Talamanca- todos los perros son flacos, señal inequívoca que ahí no sobra la comida, ni ninguna otra cosa.

4. La pobreza es tan palpable como en las zonas urbano marginales, lo que cambia es el contexto y la distancia entre individuos pobres, allá la pobreza no se aglomera por el contrario se diluye.

5. A la pobreza no se le gana con regalos: En la celebración del día del niño una de las muchas niñas que asistieron indicó con toda seriedad que no le gustaban sus regalos. Mientras que otro niño alegó que no quería -esa cochinada del carro- porque como todos los demás niños él quería un balón de fútbol.   

6. La cultura y la alfabetización ya no son elementos tan relativos. ¿Será aventurado decir que allá se leé -relativamente- lo mismo que aquí: Nada?

7. Cuando a uno le hablan de ir a Talamanca, los estereotipos surgen por autonomasia.

8. Cuando uno regresa los estereotipos siguen casi todos igual de presentes, a excepción de los más importantes: los que se erradican.

9. En un país que no es tan extenso parecen ridículas las distancias que se forman entre los individuos, más cuando entre ellos divergen por encima de una  lengua y una una cultura, una percepción generalizada del otro.

10. Es decir la percepción es la que causa la distancia, no la distancia física por sí sola. A pesar de esto hay elementos que no están sujetos a percepción, por ejemplo, los perros en Talamanca no se perciben flacos, son flacos. No es que exista una percepción sobre lo que no sobra, es que a veces allá no sobra tanto, que falta.

martes, 11 de septiembre de 2012

Fechas alternativas para llorar / Los desmemoriados

Los desmemoriados: esos somos nosotros los latinoamericanos.

Los desmemoriados o más bien nuestra memoria es el vínculo colectivo que tenemos con los medios: recordamos lo es está en el doodle del día, lo que aparece en google lo que nos dice CNN que recordemos y entonces recordamos.

Por ejemplo recordamos con dolor el 11 de Setiembre del 2001, por que todos nos piden que lo recordemos y hay que hacerlo, porque un acto de odio tal, contra inocentes, no es honroso aún cuando se ataque al peor de los enemigos.

Es decir recordamos que el pueblo Estadounidense sufrió, recordamos lo que sufrimos nosotros, compartimos un acto de fraternal solidaridad, sus muertos nos duelen tanto como los nuestros.

¿Pero y lo que sufrimos los pueblos al sur de río Bravo? ¿Que hay de esos muertos, en el olvido, esos asesinatos, masacres, atentados terroristas?.

Hay otro 11 de Setiembre que solo algunos recordamos en la más profunda tristeza, fuera de de los hermanos Chilenos y algunos otras personas dispersada por el continente, para Latinoamérica esa del google y CNN la fecha no recuerda más que las torres desplomándose.

No solo eso hay cientos de fechas que no son más que un día en el calendario para muchos, pero para la minoría son el recuerdo que algo que se destroza: la dignidad humana.

2 de Octubre de 1968 (La masacre de Tlatelolco), 16 de Setiembre de 1976 (La noche de los lápices), 11 de Setiembre de 1973 (Golpe de estado en Chile), 5 de Diciembre de 1928 (La masacre de la bananera), 15 de noviembre del 1922 (Matanza obrera en Guayaquil), por nombrar solo algunas de las más grandes atrocidades cometidas en suelo latino y que la mayoría de nosotros ignoramos, dejamos pasar por la lenta máquina del olvido, como si en el fondo deseáramos que vuelva a suceder.

La segunda declaración de la habana dice que: "Ningún pueblo de América Latina es débil porque forma parte de una familia de doscientos millones de hermanos que padecen las mismas miserias, albergan los mismos sentimientos, tienen el mismo enemigo, sueñan todos un mismo mejor destino …". Pero a pesar de todo aquello que compartimos no tenemos una memoria colectiva que nos permita -no el victimismo, viejo y cansado vicio de la debilidad- sino la cautela, la recuperación de la dignidad perdida, como una sola nación que sueña el mismo mejor mañana, sin embargo la tarea de recordar es solo una carga de aquellos que sufrieron, para los demás hermanos latinoamericanos esas fechas no son nada, para la mayoría lo peor que pudo haber sucedido al mundo fue aquel nefasto día en que los aviones violentaron la soberanía de un país que nunca se ha permitido respetar la soberanía del resto del mundo.

Para mi el peor crimen en el de la indiferencia de nuestra patria Grande, que ya no existe -si es que alguna vez existió-. El crimen es saber que hay gente que recuerda esta fecha con lágrimas en los ojos, pero no sabe de las matanzas acá es su propio patio, más cercanas y más latentes, la memoria nuestros atentados, de nuestras masacres, de nuestra sangre derramada. Es solo un susurro lejano, comparado a la máquina de recordar de los medios complacientes siempre de los raitings y de las ventas y por supuesto complacientes de dolor y a alegría de otros pueblos.

Los desmemoriados, esos somos nosotros los que recordamos la muerte la de vecino, pero no la muerte de nuestros hijos.

jueves, 6 de septiembre de 2012

Cuando nos volvamos a encontrar


Fue una tarde confusa, tenía la cabeza en cualquier otro lado, Diego fue el primero y tal vez el único que me llamó.

Cuatro horas más tarde y en medio de una presa insospechada (tiempo después me daría cuenta que todo estaba relacionado) no solo había dado rodeado todo San José, sino que había atravesado desde Heredia hasta Escazú, fumábamos todos dentro carro, yo conducía mientras ellas lloraban.

De algo no me cabe duda, la tragedia nos había tocado a todos (nunca igual) pero a todos nos afecto.

Hubieron pocos encuentros luego de eso, en los siguientes seis meses fui una especia de outsider del círculo del que no formaba parte, pero tampoco dejaba de estar ahí.

Una vez, pocos días de antes de encerrarme a escribir y nueve meses despúes del accidente, confirmé mi conclusión, cuando yo estaba finalmente de vuelta en San José, luego de algunos recorridos que habían empezado en suramérica, cuando visité bares, restaurantes, moteles y hasta playas, no se como acabé hablando de esto justamente, pero la verdad estaba ahí tan contundente como la tarde que recibí la llamada.

Cuando transcurrió el primer año pensé seriamente pasar a visitarla, pero en tres meses la distancia puede ser enorme, aún cuando se esté justo al lado. La intenté llamar pero el mi teléfono sonó primero, era el editor, me dijo que que el último volumen le parecía malo, me pidió que le presentara otra cosa si quería publicar algo antes de final de año.

Pensé en hacer algo parecido a un cuento, todo relacionado con el último año pero solo había a lo largo del año una imagen recurrente: no podía dejar de pensar en las dos mujeres que iban llorando-fumando en el auto.

No, no lo iba a escribir, se había tocado una fibra sensible, esas que lo cambian a uno. Desde entonces las había vuelto a ver poco, a ella menos aún, aunque nunca dejamos de hablar del todo, intenté llamarla y no contestó, tal vez mañana sea un mejor día para hacerlo, yo aún no vuelvo al círculo, aún me considero un outsider, siempre he sido más frío que sencillo.

La última vez que hablé con Diego fue hace tres días, aún tengo esa sensación de vacío, como cuando me dio la noticia, y al día de hoy la mujeres siguen llorando una al lado mío, la otra en el asiento de atrás, Diego aún conserva el tono de voz sombrío.

He creído que las cosas van a cambiar, las he visto cambiar pero con la misma impotencia las he visto devolverse al lugar original, el lugar que determinó el azar, hace un año, esperando el próximo evento que nos transforme a todos, que es cuando – probablemente - nos volvamos a encontrar.

sábado, 1 de septiembre de 2012

Pequeñas transgresiones temporales

Las primeras 48 horas son en todo casos decisivas, por que una vez superadas las transgresiones se descansa, se piensa, se alucina, se calcula, se discute con uno mismo si vale la pena o no. Luego del viaje, de la despedida, luego de poner en orden la habitación, o luego de colgar el teléfono, las primeras 48 horas son el indicador equívoco del punto de no retorno que sigue a la incertidumbre: satisfacción o arrepentimiento. El cambio definitivo se dará en las siguientes 48 horas.

Lecciones para los días que vienen (Días que ya se fueron)

1. Nunca hay segundas oportunidades.
2. Oportunidad jugada, oportunidad gastada.
3. Esta confirmado, uno no debe volver al lugar donde fue feliz.
4. Jugar con la incertidumbre es como la ruleta rusa, no es el impacto lo que mata, sino que no se sabe cuando va a estallar.
5. Ya no hay monedas el aire, nadie grita: I double dare you motherfucker.
6. Alea iacta est.
7. Si regrás buscáme, si no me buscás es que nunca regresaste, o peor aún antes vos de irte pasó que nunca nos encontramos...
8. Rezo por vos es un tema de Spinetta que salió en un disco de Charlie, en 1987, el año en que nacimos.
9. Mayo todopoderoso, Junio tímido, despreciable Julio, Agosto es hoy.
10. Lo mejores capítulos de la historia, están por escribirse...

I killed the lounge-diva

The fancy place, 
la gente pretenciosa: 
la mitología del lounge.

Sus diosas plásticas
y quienes no adoramos sus altares. 

La perfección del atuendo, la perfección del cuerpo, los cabellos y las uñas, los hermosos y diminutos vestidos seductores.

Y vos, que afuera de eso, dejás de transcender.

Efectos de la censura postmoderna o el poema político mató al poema-romántico-star

Ni Videla,
Ni Pinochet,
Ni Trujillo,
Ni Martinez,
Ni Franco.

Los chivatos, los chismosos y los pésimos lectores de poesía:
fueron ellos, ahí estan sus cuerpos y tiene sangre hasta en los dientes, 
cargan a Jara, a Lorca, a Dalton, 
y -sin ambiciones de compararme con ellos- cargan también conmigo.

Breves lecciones de literalidad

La capacidad de texto de crear un mundo. Donde corazón puede ser un corazón pero también y solo si el lector lo permite corazón puede ser otra cosa como: piedra, o tractor. Pueden ser incluso cosas tan desconocidas como una manscupia o tan ridículas como un mae que vomita conejos.

Por eso amigo lector o amiga lactora disfrute la literalidad sin comprometerla con el mundo real donde el corazón es por extensión solo un pedazo de carne, sin más...