Esta casa, no es la mía, pero sabe mucho a hogar
y por eso me gusta, porque tiene las puertas abiertas,
aún para un desconocido que llegaba de bajar una montaña.
Me gustan sus habitaciones amplias, que he empezado a llenar
de hermosos recuerdos, de cálidas conversaciones,
de poemas que no son míos.
Me gusta, esta casa que no es mía,
pero que me ofrece siempre vino y agua, una mesa generosa,
muchos libros, deseos y alguna esperanza.
Me gustan, sus frías terrazas, sus delirantes jardines,
sus paredes levantadas por manos hermosas y delicadas
que también dibujan sonrisas en mi cuerpo,
cuando tendidas junto a las mías esperan otra mañana.
Por eso me gusta recorrer sus rincones.
En esta casa donde finaliza setiembre y no hay ceniza,
solo aquellas ganas locas de reír y de besarse.