domingo, 28 de septiembre de 2008

Dr. Cruz Moran

Dedicado a Andreita. El alma de mi familia.
Dedicado a los Doctores aquí mencionados.




Le decían Doctor, la alternativa más cercana a la realidad era decir que era el Hijo de Puta más grande que haya pisando el planeta. Sí así con semejante epíteto. Claro era una familia humilde, de seguro que con la familia Jiménez ni la mitad de babas soltó, por su puesto que la familia Jiménez estaba en la capacidad de de irse en cualquier momento a Nueva York o Londres y pedir una opinión profesional.

Pero bueno así es la vida de las familias humildes, y encima el neonatólogo, otro buen merecedor de tan noble alias, Hijo de Puta. Y se deja decir así no más que su hijito recién nacido no vas a ser en su vida (si se le puede decir así) más que un vegetalito.

Y mamá que empezaba a desconfiar, y por que no, si el neonatólogo, había dicho que ni siquiera se iba a poder alimentar solo, y el bebito que apenas deja de llorar, se pega de la teta con tales hambres. Al rato llegó la enfermera – Y mire señora, no le haga caso a este reverendo, yo tengo una sobrinita así, y que no hace esa mujer -. Pero si este doctor, no merece otra cosa que una patada en el culo, y que no vuelva a un hospital.

Claro que aún queda hablar del que le decía doctor, del genetista, Cruz Moran, Y apenas en la puerta del consultorio les dice. – Quiero que entiendan que su hijo se va a quedar mongolito toda su vida, ya eso no se cambia, a no ser...– Pues claro no iba ser de otra manera, que pedazo de cabrón. No es enfermedad nadie se ha muerto de eso, es una condición, un síndrome, una bendición, si le preguntan a mamá. – ...de que... hay medicamento que se puede traer desde Estado Unidos, obviamente pues tiene su costo, pero ayuda.- Y papá que se levanta, ya exaltado, y una palabra más que diga este tipo, y le deja ir los puños. Y mamá le dice que se calme. Semejante cobarde, se escuda detrás de un titulo, de Doctor que con semejantes argumento parece que se lo regalaron, ya temblaba de miedo al ver un hombre bravo, que le dice que sí son humildes pero no estúpidos. Que más que hacer que abandonar el consultorio y no volver.

Por suerte siempre hay doctores buenos, y por allá Segura, tremendo doc, que atendió el segundo parto de mamá, le pregunta por su niño, pues claro, llora, ríe, gatea, juega, ya lleva año y cuatro meses en la Centeno Güell, perfecta oportunidad para preguntar, doctor es cierto que hay una medicina que quita el Síndrome de Down. Segura, niega con la cabeza, no será marca Cruz Morán, se ríe, que suerte mujer que ustedes no son tontos, y que su marido parece un león, papá sonrié. - Buen tipo es su marido - dice Segura - eh, así como él van ser sus hijos-. Mamá ya cerca de dar a luz le dice que ojalá, ojalá…

martes, 2 de septiembre de 2008

Las fiestas en la casas

Para P.F.A.


Cuando me llamó y me invitó a la fiesta no tenía ganas de ir, no era nada, solo que tal ves no me veía en ese papel, ver a todos sus tíos y tías, explicarles la situación, las caras de sorpresa, todo eso me cargaba una congoja terrible, no es que fuera malo por supuesto que no, pero aún no estaba preparada. Él siempre hablaba con muchísimo entusiasmo de su familia, del tío Alberto, la tía Camila siempre iban, los otros tíos que luego de la muerte de la abuela, no había sabido llevarse bien iban a estarían ahí de todos modos, días antes me dijo como en son de burla, que las únicas fiestas a las que iba toda la familia era a los entierros y a las fiestas de Rosita.

No podía ser de otra forma, Rosita era la persona más querida de la familia, con veintitantos años recién cumplidos y seguía siendo una niña, tierna y amable, era como si el terrible paso del tiempo no hiciera mella en su espíritu. Ay Rosita, como decirle que no iba a ir a su fiesta, sabía que iba a insistir con tanto afán que al fin yo iba a ceder, fue un rasgo que siempre compartió con su hermano. Nunca le había hecho mucho caso, hasta que insistió en que saliéramos, en que hacíamos linda pareja, nunca terminé de creerle, y sabía que ir a la fiesta en su casa iba a ser un paso más para que él terminara por confiar que si nos queríamos, pero como decirle que no.

Insistió, no esperé menos de él, pero como explicarle a Rosita que no podía ir a la fiesta, que no había manera de llegar temprano, no por teléfono no podría decírselo, no iba a entender, no era que no pudiera por su condición es que simplemente todo era tan confuso, inclusive yo no podía terminar de entender.

Tomé el teléfono, llame a su madre, pero debía explicarle a Rosita primero, le pregunté por ella, me dijo que bailaba, me preguntó por que no habíamos vuelto, por que tardábamos tanto, donde estábamos, no aguanté el llanto, le dije que no íbamos a llegar a la fiesta, pero yo pronto conocería a toda la familia, solo se reunían todos para dos fiestas, y la fiesta de Rosita estaba por terminar…