“Cayó mortalmente herido de un machetazo en la guitarra
pero aún tuvo tiempo de sacar su mejor canción de la funda
y disparar con ella contra su asesino
que pareció momentáneamente desconcertado
llevándose los índices a los oídos
y pidiendo a gritos
que apagaran la luz.”
Roque Dalton
Cuando llegué a la embajada me encontré a Ramiro, nunca podré describir la alegría de ver a uno de los propios, no es que acá en Chile la gente sea diferente, pero ver a un amigo, un conocido entre tantos desconocidos que habíamos, si hubiese tenido lagrimas juro que hubiera llorado ese día. Todos habíamos bajado corriendo del camión, y recibimos abrazos de personas a las que nunca antes les habíamos hablado, como cambia a la gente la tristeza, y es que no había otra cosa que recorriera las calles de Santiago que no fuera tanques o tristeza. Ramiro me miró, me ofreció un cigarrillo, creo que era su forma de abrazarme, de sentir la misma alegría de saber que aún estábamos vivos. Me miró como nunca más lo volviera hacer con una mirada penetrante que sin preguntarme nada me hizo recordar todos los detalles, como, cuando, por qué, no pude decir ni un palabra, sin quitar la mira preguntó finalmente :
- ¡Pero decíme che!, ¿Los tenían presos?-.
Pero carajo presos éramos todos, desde el tipo aquel de los volantes, hasta el teniente que comandaba las acciones dentro del Estadio, unos más presos que otros, creo por fin que los menos presos éramos nosotros, a los que ponían en fila para fusilar, igual podíamos gritar con todos lo huevos -Pinochet hijo de puta-, igual haríamos fila para ser fusilados, mientras que uno de esos con rifle en mano, no era ni capaz de contrariar una orden de un cabo, de un teniente, de un sargento, no podía ni siquiera titubear por que ahí mismo caían con un tiro en la frente por traidor.
– Si, todos presos – fue lo único que atiné a contestarle, nunca me faltaron tanto las palabras, todos presos fácil repuestas, pero no sabía decirle que no éramos prisioneros como cuando estaba en la cárcel en Uruguay, por subversivo, total allá nos daban comida, y a mí me salían las palabras, no como al tipo que compartió celda conmigo hace años ya, yo con un asesino y para colmo ni hablaba, solo una vez le hablé y le pregunté por que lo habían hundido, me dijo que mató a su mujer por que pensó que estaba en una pesadilla. Tremenda pesadilla colectiva de delirios de poder y de mierda la de estos militares.
Sentí solo la sacudida que Ramiro me hizo sujetándome de los hombros, - Pero Federico, che, poneme atención, decíme ¿Cuántos eran? -
¿Cuantos éramos? muchos pensé, me lleve las manos a los bolsillo, registrando, recordé el papel aquel, lo saque, lo ojee. – Éramos cinco mil – le dije.
-¿Y ese papel?- me pregunto.
-Me lo dio uno de los prisioneros, hace un par de días-
-Pero ¿Quién? ¿Vos lo conocés?- insistió
-Un tipo que agarraron en la Universidad también- para que decirle que al tipo le partieron las manos a patadas, luego que lo que vieron con el bolígrafo en la mano, por suerte para mí que no vieron cuando recién me daba el papel para que lo guardara, suerte para mí que no me revisaron, suerte para nosotros los Uruguayos que llegó el tipo este Sueco, no hacía falta decirle que al tipo luego se lo llevaron adentro a una de las cámaras y no lo volvimos a ver, bien pudo haber salido en algún otro camión, bien pudo haber recibido cuantos tiros le diera gana, si sonaban las ráfagas, a cada momento. –Creo que se llama Víctor, lo vi cantar una vez en la Universidad – le dije, recordé.
Ramiro me arrebató el papel y leyó en voz alta:
“Somos cinco mil en esta pequeña parte de la ciudad. Somos cinco mil ¿Cuántos seremos en total en las ciudades y en todo el país? Solo aquí diez mil manos que siembran
y hacen andar las fábricas. ¡Cuánta humanidad con hambre, frío, pánico, dolor, presión moral, terror y locura!".
-Federico, Che, esto es una mierda, es una cuidad de prisioneros- me dijo desesperado.
-Pero algunos son menos prisioneros- le dije, ya empezaba a recuperar mi elocuencia -todavía no hay cárceles para las palabras de un poeta-.
-Tampoco hay cárceles para una canción- me dijo, mientras que por primera vez en varios días ambos sonreíamos.


1 comentario:
Buenas....
Varias cosas:
1. El post maravilloso
2. Un día de estos venía escuchando en Radio U un especial sobre Víctor y venía llorando en medio bus :$
3. Hace días he tratado de mandarte mensajes directos por twitter y no lo he lograo
4. Saluditos ;)
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